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La importancia de la representación. Monográfico, parte 1.

Desde Criteria y a lo largo de las próximas semanas, hemos decidido tratar diferentes áreas referentes a la representación en un monográfico; ya sea destacando su ausencia en altos cargos, su aparición en medios de comunicación, su recuperación histórica o su inclusión en el lenguaje. Creemos que ahondar en sus múltiples manifestaciones mediante ejemplos puede servirnos para clarificar a qué nos referimos cuando hablamos de integrar a las mujeres en la vida pública.

Así, una de las cuestiones más ampliamente planteadas a la hora de hablar de representatividad desde una perspectiva de género hace referencia a la necesidad de la inclusividad. Nos preguntamos habitualmente si usar lenguaje neutro, emplear cuotas o modificar el contenido de los libros de texto es realmente útil. Cuántas veces no habremos escuchado que las mujeres deberían tener la capacidad de ponerse en la piel de los hombres y sentirse identificadas.

La falta de representación supone un problema de invisibilización; dentro del sistema patriarcal en el que nos encontramos, todo aquello diferente se marginaliza. La medida estándar gira en torno al ‘hombre blanco no discapacitado de clase social alta’. Es algo a lo que aspirar; no hay alternativas más allá de la anécdota.

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A nivel teórico, la representación es información que simboliza un objeto, un acontecimiento o sus características. Diferenciaríamos entre continente y contenido; la forma, con imágenes, sonidos, fotografías o palabras; y el significado de esa representación, lo que transmite. Debemos tener en cuenta que este conocimiento es construido a medida que interactuamos con el mundo; como productos socioculturales, son procesos que nos permiten interpretar la realidad tanto como intervenir en ella. Y ahí está la clave.

En este punto es interesante reflexionar sobre esta construcción. Muy probablemente no la percibimos como tal; a pesar de construirla diariamente, y participar activamente en hacerlo, pensamos tal vez que el mundo en el que vivimos viene dado, por nuestros antepasados o por poderes que se nos escapan. No hay una creación deliberada; no es consciente, porque se arrastra un imaginario simbólico largamente mantenido en el tiempo. No tenemos conciencia de que hay mecanismos de dominación y sumisión en juego, y que los discursos normativos pueden, y deben, ser cuestionados ampliamente; son las mujeres quienes pareciera deben equipararse a los modelos agresivos y competitivos del hombre, renunciando a disfrutar de un tiempo o un espacio propio o al conocimiento de nuestras propias necesidades o identidades; no alcanzando nunca la cumbre de la pirámide jerárquica; y viendo el trabajo reproductivo y doméstico privado de remuneración y consideración social en lugar de ser resignificado.

Destaquemos la importancia de normalizar, de dejar de ver como algo extraño, anómalo o intrusivo un comportamiento inclusivo e integrador. Al reclamar la representación, se está reclamando la visibilización, el derecho no solo a existir, sino a existir dignamente y siendo sujetos de derecho y merecedoras de reconocimiento social con una entidad e identidad propias. Precisamente porque el hecho de hacer visible algo implica que se toma conciencia sobre ello. Cuando tenemos referentes, podemos aspirar a logros que hasta el momento desconocíamos; vemos que puede lograrse porque hubo o hay mujeres que lo han conseguido.

No obstante lo anterior, las altas esferas económicas, políticas e intelectuales han sido ocupadas por hombres, siendo por tanto las definiciones androcéntricas; y dentro de este orden, se produce una resistencia al cambio. Aunque la perspectiva de género se haya incorporado legalmente en ámbitos internacionales y nacionales, no hay auténtico compromiso. Cambiar implica enfrentarse a lo desconocido. Partir de cero, muchas veces. Pero ser iguales no significa ser como los hombres, asimilando un mundo diseñado a partir de un sistema patriarcal. Pasar de las palabras a los hechos es la clave; la diferencia también reside en reafirmar y revalorizar el hecho de ser mujer.

¿Somos iguales?

A menudo, muchas de nosotras nos sentimos “iguales” a nuestros compañeros del sexo opuesto y no percibimos las grandes inequidades de género que algunos, y sobre todo algunas, se empeñan en señalar. ¡Hemos jugado juntos y juntas en el parque, hemos compartido charlas en la cafetería del instituto o de la universidad, hemos coincidido en espacios de ocio, voluntariado, organización vecinal, trabajamos mano a mano en la oficina… Incluso hemos trazado amistades profundas con el sexo opuesto (como mínimo hasta que llegó la edad en que el emparejamiento y la crianza tejieron una densa red que separó el universo femenino del masculino)!

Sin embargo, no podemos olvidar que desde la infancia recibimos mensajes diferentes, que configuraron identidades distintas, nuestra autoestima, nuestras creencias, nuestros sueños, mensajes que conformaron nuestro sustrato profundo, que siguen condicionando nuestra forma de ser y nuestra forma de entender el mundo.

Muchos de estos mensajes los captamos a través de la televisión, el cine, la música, las revistas y permanecen atrincherados en un rincón de nuestro subconsciente, dispuestos a emerger al mínimo descuido. Mensajes que son la argamasa y los ladrillos de ese muro invisible, pero infranqueable, que las mujeres encontramos cuando tratamos de alcanzar el país de la igualdad.

El documental Miss escaparate, que fue retransmitido por La 2 en el programa Documentos TV, disecciona estos mensajes y los estereotipos de género que estos esconden. A pesar de ser un documental centrado en la sociedad estadounidense, la realidad que nos muestra es perfectamente extrapolable a la del Estado español y, probablemente, a la de cualquier rincón del mundo globalizado.

Miss escaparate analiza la forma cómo la publicidad, el cine y la televisión enseñan a niñas y a mujeres a percibirse como objeto y como esta autocosificación frena su empoderamiento, generando profundas heridas en la autoestima, mermando su autoconfianza y la creencia en las propias posibilidades. Así, el documental nos muestra la relación existente entre  la presión corporal y la escasa participación política y de liderazgo de las mujeres.

Por otro lado, una de las entrevistadas en Miss escaparate nos cuenta cómo aquello que vemos inspira la idea de lo que podemos llegar a ser en este mundo. Y sigue contándonos que de las producciones de animación hollywoodienses realizadas entre 1937 y 2005 sólo 13 han sido protagonizadas por personajes femeninos y, de estos, sólo 1 no aspiraba a encontrar el amor de su vida. Además, la mayoría de las protagonistas de estas producciones aparecen altamente sexualizadas, sin que se den grandes diferencias entre la indumentaria ligera que presentan las princesas de los dibujos animados con la de cualquier personaje femenino de una película dirigida a público adulto.

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El documental también nos muestra diversos ejemplos de cómo se construye la imagen de las mujeres como caza fortunas, rencorosas, retorcidas, manipuladoras, vengativas… en definitiva, no confiables y, menos, para las demás mujeres, transmitiendo una idea de las mujeres como eternas competidoras por el premio final: el hombre. ¡Cuánto daño nos han hecho estos estereotipos! ¡Cuán hondo nos han calado! ¡En qué medida han contribuido a que nos autoboicoteemos!

Sin embargo, no es necesario ir tan lejos ni centrarse exclusivamente en el ámbito de los medios de comunicación. Una investigación realizada en el año 2011, que analizó 1715 personajes de los libros de inglés de primaria más utilizados en las escuelas catalanas encontró que un 23% menos de personajes femeninos en los libros de texto. También se constató que se hablaba de la profesión o de las capacidades del 70% de los personajes masculinos y frente al 39% de los femeninos. Por el contrario, en los libros de texto se hacía referencia a la vida personal del 56% de los personajes femeninos y sólo del 17% de los masculinos. Y hablando de las posibilidades de imaginarse de niños y de niñas: en los libros analizados aparecían ingenieros, inspectores, futbolistas, ópticos, inventores, abogados, astrónomos, marineros, astronautas, científicos, buscadores de oro, músicos, guías de safari, cazadores, emperadores, guerreros, pescadores, carteros, etc. Ninguna ingeniera, inspectora, futbolista, óptica, inventora, abogada, astrónoma, marinera, astronauta, científica… Sí muchas maestras, bastantes amas de casa y actrices y algunas sirvientas. Este es el imaginario que nuestras escuelas ofrecen a nuestra infancia.

Desengañémonos, no somos iguales, los materiales con los que se construyó nuestra psique nos situaron en una posición de objetos, de subordinación y debilidad y, desde entonces, nuestra vida es una carrera de obstáculos para superar esta posición. Existe, sin embargo, una rendija de esperanza: contribuir con nuestra acción y pensamiento a desmontar los estereotipos de género fuertemente arraigados en nuestra cultura y, sobretodo, estar alerta, con los cinco sentidos agudizados, y ser capaces de detectar – oler, palpar, catar, escuchar, ver – los estereotipos sexistas que constantemente captan nuestras criaturas y ofrecerles una visión crítica de los mismos. Como siempre, la educación parece ser el camino, quizás el único camino.

http://elsvalorsocults.wordpress.com/descripcio-de-la-recerca/